viernes, mayo 23, 2008

Protección

Salmos 3:3
Mas tú, Dios, eres escudo alrededor de mí: Mi gloria, y el que ensalza mi cabeza.
Salmos 18:2
Roca mía y castillo mío, y mi libertador; Dios mío, fuerte mío, en él confiaré; Escudo mío, y el cuerno de mi salud, mi refugio.
Salmos 91:4
Con sus plumas te cubrirá, Y debajo de sus alas estarás seguro: Escudo y adarga es su verdad.

Al observar una película documental sobre la vida de los tiburones, un buzo descendía a las profundidades del mar, protegido por una jaula de barrotes de acero. Después de arrojar un cebo especial a las aguas, toda la zona se llenó de voraces tiburones que comenzaron a atacarlo. Las escenas que siguieron evidenciaron la crueldad y fuerza de los escualos. Con gran violencia intentaban cercenar el cuerpo del hombre rana, y en su furia mordían los barrotes, perdiendo dientes en el intento. Entre el buzo y la muerte sólo estaban los barrotes de la jaula.
El Señor me mostró con claridad que debemos estar siempre revestidos de la armadura divina. Así nos ataca el enemigo: con furia y fuerza. Si nos cubrimos con la armadura de Cristo, se romperá los dientes sin conseguir tocarnos.

Tú si puedes

Mateo 25:14-18:
“Porque el Reino de los cielos es como un hombre que al emprender un viaje, llamó a sus siervos y les encomendó sus bienes. 15 Y a uno le dio cinco talentos, a otro dos y a otro uno, a cada uno conforme a su capacidad; y se fue de viaje. 16 El que había recibido los cinco talentos, enseguida fue y negoció con ellos y ganó otros cinco talentos. 17 Asimismo el que había recibido los dos talentos ganó otros dos. 18 Pero el que había recibido uno, fue y cavó en la tierra y escondió el dinero de su señor”.


La falta de confianza en nosotros mismos, el no creernos capaces de realizar la tarea encomendada por Dios, puede generar un estancamiento en la carrera hacia la visión divina. Ahora bien, si Dios confía en que nosotros lo podemos realizar, por qué no confiaremos nosotros también en que lo lograremos. Una visión distorsionada de nosotros mismos nos aleja de las recompensas de Dios. Veámoslo en la parábola de los talentos. Dios confió en sus siervos, por eso le confió los talentos. A cada uno le repartió según su capacidad, pero a todos les dio. Cada uno de ellos respondió en base a una determinada clase de confianza, y uno no confió en nada. Ese perdió todo. Pero aquellos que tuvieron confianza dijeron: Dios me encargó esto, y Él cree que yo soy capaz de multiplicarlo, lo voy a hacer. Nosotros debemos tener confianza en que lo podemos hacer, que lo podemos hacer con Dios. Hay talentos escondidos dentro de tu vida. Dios te tiene en esta tierra como la extensión celestial, y Él sabe que todo lo que toques será bendecido, Él sabe que donde decretes va a suceder algún milagro. Por lo tanto, no te subestimes, sigue corriendo la carrera, hay que seguir avanzando, hay que alcanzar las metas, hay que alcanzar los sueños, la visión. Dios te escogió para manifestar Su gloria. Dios te escogió y te confió Su autoridad para continuar la obra de Jesús en la tierra. No te menosprecies, tú puedes. Tú estás hecho a imagen de Dios. Valora la posición que Dios te otorgó. ¡No renuncies, No te rindas! Tú puedes lograr tus sueños, nunca es tarde. Decídete a Soñar, Tú puedes. Decídete a Triunfar, Tú puedes. Tú puedes porque tú puedes todo en Cristo que te fortalece.
“Padre celestial, gracias por confiar en mí, gracias por escogerme para extender Tu Reino. Soy tu hijo y te amo. Dame sabiduría para administrar y multiplicar todos los talentos que Tú pusiste en mis manos. En el Nombre Poderoso de Jesús, Amén”.

Gózate

Filipenses 4:4:
“Regocíjense en el Señor siempre. Otra vez lo diré: ¡Regocíjense!”.

¿Te parece esto una sugerencia o un mandato? En realidad es un mandato ¡Dios quiere que siempre nos regocijemos en Él! En todo tiempo, debemos regocijarnos. El gozo es un fruto del Espíritu y ya está dentro de tu vida. El gozo no depende de lo que te rodea o de cómo te sientas. El gozo es una verdadera fuerza espiritual, tan necesaria como la fe y el amor para vivir la vida de victoria que Dios te preparó. El gozo del Señor es la fuente de fortaleza que necesitas para moverte con la fe en las promesas. El gozo te impulsa y te mantiene, es por eso que el diablo quiere verte siempre amargado y desanimado, con la cara larga, porque si te quita las fuerzas te logra derrotar. Tú eres un vencedor. Mira a Jesús, la Palabra dice que “con el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios”. Ves, Jesús usó este poder para llegar a la meta del Padre. Seguramente las situaciones que pasó el Señor no eran para estar riéndose a carcajadas y es más, tendría motivos suficientes para quejarse y amargarse por lo que debía pasar. Pero Él conocía el poder del gozo de Dios. El gozo se manifiesta cuando miras las Promesas y pones tu seguridad en ellas y no en lo que ves. Pablo y Silas estaban encarcelados, pero alababan a Dios sabiendo que Él era poderoso para librarlos. Y qué ocurrió, ¡la prisión se abrió! Si en este momento estás pasando por una enfermedad, tienes deudas, estás deprimido, si perdiste las fuerzas y las ganas de continuar, es tiempo que pongas tus ojos en las Promesas de Dios y le des gracias porque tu problema ya fue solucionado. Y tú respuesta ya está en camino. Desarrolla el gozo del Señor, declara la victoria sobre tu problema y muévete en fe. Decídete gozarte en Dios y no habrá nada que el diablo pueda hacer para robarte tu victoria ¡Aleluya!
“Padre celestial, me regocijo en Ti. Quito mis ojos de las circunstancias y los pongo en Tus Promesas. Gracias porque toda enfermedad se va de mi cuerpo ahora, gracias porque la tristeza y la amargura se van. Gracias porque me das la sabiduría, la paz y la provisión sobrenatural para cancelar mis deudas y suplir todas mis necesidades. Recibo ahora la fortaleza que viene de Ti. En el Nombre Poderoso de Jesús, Amén”.

Eres Ganador

2 Corintios 2:14:
“Demos gracias a Dios, quien por medio de Cristo nos lleva siempre en su desfile triunfal. A través de nosotros, esparce por todas partes el conocimiento acerca de Él, como si fuera una suave fragancia.”.


Desde el primer momento que fuimos concebidos en la mente de Dios, desde el primer momento que Él decidió hacernos, nos diseñó triunfadores. Decidió hacernos a Su imagen, conforme a Su semejanza. Dios nunca planeó la derrota, nunca planeó la decepción para tu vida. Él desea que estés saludable y fuerte en cada área. Él desea que estés sano en el cuerpo, sano en la mente, prosperado en todas las cosas, sano en las emociones, libre de todo trauma, prejuicio, preocupación o amargura. Libre de toda atadura. Tu Padre Celestial quiere que estés bien. Es por eso, que el ministerio del Espíritu Santo, está para ayudarte a que vivas en esta victoria permanente que por gracia recibiste a través de Cristo Jesús. Te puedes estar preguntando ¿Qué pasa? ¿Por qué Dios a mí no me lleva en triunfo? La razón es que muchas veces, en lugar de aplicar principios espirituales que nos llevan al triunfo, actuamos conforme nos parece humanamente y la consecuencia es la derrota o la debilidad. Al no hacer lo que Dios nos dirige a hacer, no le permitimos obrar en nuestras vidas con el poder de Su victoria. Todos nosotros tenemos que tener determinación en nuestra vida de dejar atrás todas aquellas cosas de nuestro carácter que nos perjudicaron. Por qué vamos a estar en una posición donde estamos perdiendo cuando podemos estar ganando. No veas las circunstancias actuales y ni las experiencias del pasado, establece tu vida mirando la Palabra de Dios, renueva tu mente conforme a lo que en ella está escrito. No te veaS más como un perdedor porque eres un ganador. La Biblia dice que por medio de nosotros manifiesta en todo lugar el olor de Su conocimiento. Él te ha elegido para manifestar Su gloria, Su poder y Su presencia en este mundo. Eres el portador de la presencia de Dios. Tienes adentro de ti el Poder, la Autoridad, la Unción para que esto sea una realidad. Cristo nos lleva a victoria. Hay que usar la fe en Cristo y la victoria está de tu lado.
“Padre celestial, gracias. Me has hecho un triunfador, has preparado para mí caminos de victoria. Ayúdame a manifestar en mi casa, en mi trabajo, en todo lugar donde me muevo Tu grandeza. En el Nombre Poderoso de Jesús, Amén”.

Una buena reputación

'Y todo lo que hacéis, sea de palabra, ó de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias á Dios Padre por él.'
Colosenses 3:23

Y Todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para El Señor y no para los hombres. Colosenses 3:23.

Rogelio era un buen empleado, nada espectacular, pero confiable, puntual, de temperamento equilibrado y siempre dispuesto a hacer un poco más. Bernardo también hacía un buen trabajo, pero no le importaba ir por un atajo para terminar un trabajo, ni retirarse unos minutos antes para atender sus necesidades personales. Cuando el señor Jones su supervisor, anunció que iban a promover a uno, Rogelio contó con su historial y su reputación para ganar el puesto. Bernardo hizo tenazmente un trabajo de pasillo al contar a varios de sus compañeros de trabajo que Rogelio se había apropiado de sus ideas para la reducción de costos, había hecho malversación de fondos y que era conocida su costumbre de extralimitarse en su hora de almuerzo. Tuvo cuidado, no obstante, de comenzar todas sus observaciones diciendo: 'Esto queda entre nosotros dos...' Cuando a la semana siguiente el señor Jones anunció que el ascenso había sido para Rogelio, este recibió un fuerte aplauso de sus compañeros de trabajo. Ninguno se sorprendió, salvo Bernardo. Después de todo, la reputación de Rogelio lo había precedido. Lo mismo pasó con la de Bernardo. El hombre que no teme a la verdad no tiene nada que temer de las mentiras.

domingo, mayo 04, 2008

Haz cambios y verás tú victoria


1 Pedro 5:6: “Humíllense, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que, llegado el momento, Él los levante”.

Con frecuencia le pedimos a Dios que cambie situaciones a nuestro alrededor que nos perjudican. Pueden ser problemas familiares, enfermedades, deudas, pobreza, angustias. Y la respuesta de Dios es que nos humillemos bajo Su poderosa mano. Pensamos, “¿Qué puedo hacer yo, si soy la víctima de esta situación?” “Yo ya no puedo hacer nada, Dios es soberano y todo lo sabe”. Pero esto no es humildad; esto es ignorancia y resignación, dejar las cosas libradas al azar. Humillarse a Dios significa actuar en Su Palabra, que si hay una enfermedad decreto: “Por la llaga de Jesús he sido sanado”. La sanidad te pertenece y Dios te levantará, te exaltará cuando llegue el momento. Si hay deuda o escasez, decreto: “Jesús se hizo pobre para que yo fuese enriquecido” “administraré sabiamente las riquezas”, y esto no es soberbia, esto es la verdad de la Palabra de Dios. Jesús es la Palabra y Él ya hizo la obra completa. No reconocerla, aceptarla y vivirla, es orgullo. Si tuviste problemas con alguien, perdona. Dios se encargará de levantarte cuando camines en obediencia absoluta a Su Palabra. Muchas veces queremos que las cosas cambien sin tener nosotros que poner mucho de nuestra parte. Siempre es el otro el que debe cambiar. Pero para Dios las cosas no son así. No es el país, la vecina, la pareja o el jefe los que tienen la culpa de nuestras desgracias. Acá hay un enemigo satanás y es a él a quien no debemos permitirle influenciar nuestras vidas manteniendo conceptos equivocados. Es nuestra responsabilidad realizar cambios en nuestros pensamientos y estilos de vida. Cada cambio en dirección correcta te habilitará para alcanzar un nuevo nivel de revelación. Y cuando comencemos a hacerlos guiados por el Espíritu Santo, obstáculos se van a querer levantar, pero con Dios los superaremos:

1. El orgullo que quiere mantenernos en nuestra propia opinión y métodos. Nos impide cambiar para mejor. Nos lleva a exaltarnos sobre los demás con arrogancia y en lugar de crecer; fracasamos, caemos (Pr.16:18). Mantenernos en esta actitud nos perjudicará. Siempre podemos crecer y superarnos con humildad, dependiendo del Señor, que es la fuente de ayuda para los cambios.

2. El temor al fracaso Ya sea en cambiar nuestra actitud, vocación, trabajo o cualquier otra cosa. Es preferible dar un paso hacia la victoria que quedarse en el lugar de la destrucción. ¡Anímate! Vence el temor. Tienes toda la ayuda del Espíritu Santo para dar ese paso de fe.

3. El egoísmo. Cuando comiences a hacer decisiones de cambio una pregunta surgirá: ¿Y yo? ¿Por qué yo? ¿Por qué no cambia el otro? Los cambios deben ser pensados para el bien del prójimo y de la siguiente generación. No te olvides que cuando estás haciendo algo por otro estás actuando en la ley de la siembra y la cosecha, ¡Y todo lo que hagas se te devolverá en abundancia!

Haz una decisión de calidad para cambiar en la dirección divina y recibirás satisfacción abundante. Dios te levantará en el momento llegado y cuando Dios abre una puerta ¡Nadie la puede cerrar! ¡Aleluya!

“Padre celestial, ayúdame a cambiar. Ilumíname con Tu Palabra para alcanzar mayor excelencia. Estoy dispuesto a hacer cambios de bendición. En el Nombre Poderoso de Jesús, amén”.

Las decisiones


Santiago 1:5: “Si a alguno de ustedes le falta sabiduría, pídasela a Dios, y él se la dará. Dios es generoso y nos da todo con agrado”.

Dios tiene un sueño hermoso con tu vida y quiere llevarlo adelante. Esto es posible si tú tomas decisiones basadas en la Palabra de Dios, por eso es muy importante conocer Su Voluntad. Cuanta mayor cantidad de Palabra de Dios recibas en tu corazón, mayor sabiduría vendrá a tu vida para tomar buenas decisiones. Todas las áreas de tu vida serán afectadas por las decisiones que tomes, aún la vida de tus hijos, familiares, amigos y vecinos. Por eso aprendemos en el libro de Santiago, en el versículo cinco que debes pedirle a Dios sabiduría para desarrollar Su voluntad y no tomar decisiones basadas en emociones, lo cual te llevaría a perderte de los planes del Padre Celestial. Dice la Biblia que si le pides, Él te dará abundantemente y sin reprocharte nada. Así que hoy es el momento de tomar una decisión si quieres que tu mañana sea mejor. Pídele a Dios sabiduría y ella fluirá a través de tus palabras. Cada cosa en la vida comienza con una decisión. Jesús dijo. “He puesto ante ti una puerta abierta…” (Apocalipsis 3:8). Tú eres el que vas a elegir entrar por ella. También dijo: “Mira, aquí estoy llamando a la puerta. Si alguien escucha Mi voz y me abre, entraré, cenaré con él y él conmigo” (Apocalipsis 3:20). Tú deberás tomar una decisión. Si estás atravesando problemas toma hoy la decisión de resolverlos con la Palabra de Dios. “Padre celestial, te doy gracias porque has depositado dentro de mí el poder de elegir. Te pido sabiduría para que cada decisión que tome me lleve a cumplir Tu propósito. Recibo una unción especial de sabiduría que fluirá a través de mis palabras y tomo la decisión de abandonar todo mal hábito y actuar de acuerdo a Tu voluntad. Algo glorioso va a suceder y afectará a mis herederos, gracias Padre en el Nombre Poderoso de Jesús, Amén”.

Pon tu mirada en lo eterno

2 Corintios 4:18: “Porque no nos fijamos en lo que se ve (lo visible), sino en lo que no se ve (lo invisible), ya que las cosas que se ven son temporales (pasajeras), pero las que no se ven son eternas”.

No centres tu atención en lo que puedes ver en la esfera del mundo físico y natural. Todo lo que ves es temporal, pasajero y está sujeto a cambio. Por lo tanto, pon tu fe en el Reino invisible y eterno. Las cosas que son eternas nunca están sujetas a cambio. La Palabra de Dios es eterna. En ella hay miles de promesas que tratan con cualquier situación que puedas enfrentar en la vida. Y esas promesas nunca pero nunca cambiarán no importa lo que suceda en este mundo que está en constante cambio. No importa lo mal que tu cuerpo se sienta, la Palabra de Dios siempre dirá: "por cuya herida fuisteis sanados" (1 Pedro 2:24). No importa lo mal que estés económicamente, la Palabra de Dios siempre dirá: "Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús" (Filipenses 4:19). No importa lo que sientas o ves, la Palabra de Dios siempre dirá: “Decid a los justos que les irá bien, porque el fruto de sus obras comerán” (Isaías 3:10). No importa que el mundo esté en crisis, la Palabra de Dios siempre dirá: "Porque yo sé los planes que tengo para vosotros --declara el Señor-- planes de bienestar y no de calamidad, para daros un futuro y una esperanza” (Jeremías 29:11). Aunque se levanten enemigos contra ti, la Palabra de Dios siempre dirá: “Ningún arma que hayan forjado contra ti resultará, y harás callar a cualquiera que te acuse. Este es el premio para los siervos de Jehová y la victoria que les garantizo, dice Jehová” (Isaías 54:17). Tú no tienes que resignarte a la existencia precaria que el mundo te ofrece. Echa mano de lo que la Palabra de Dios dice que tú puedes tener. Centra tu atención en las verdades eternas de Dios, no en las cosas que se ven, porque, después de todo, esas cosas están sujetas a cambio. “Padre celestial, en este día te doy mil y mil gracias por ser Tu hijo, porque tengo la seguridad de que lo que estoy viviendo es temporal y está sujeto a cambio. Por eso me agarro de Tu Palabra que es eterna y segura. En el Nombre Poderoso de Jesús, Amén”.

sábado, febrero 09, 2008

Bienaventurados los que creen sin ver


Juan 20:29:
“Jesús le dijo: ¿Porque Me has visto has creído? Bienaventurados los que no vieron, y sin embargo creyeron"
¿Crees que tú eres un bienaventurado? Medita esto y lo descubrirás. La Biblia nos enseña que tenemos que creer para ver. Bienaventurados los que creen sin ver. Hay gente que dice:
“voy a ir al servicio para ver qué pasa”. Ese tipo de gente necesita ver para después creer. Pero tú tienes que creer primero para luego poder ver. Es bueno que sepas que te fue dada una medida de fe y que la tienes que usar para creer, no para apagarla con los miedos, la duda, la desconfianza. Úsala para creer. Es preferible que le creas a Dios porque él no te va a fallar. Dios es tu Padre, es fiel y te ha dejado promesas. Y Sus promesas son sí y son amén. La creencia se manifiesta en lo que estás confesando. Si algo te duele, no lo declares, confiesa la Palabra ya qué por Su llaga ya fuiste sanado y Cristo se llevó todas tus dolencias y enfermedades. Por eso decreta que estás sano, fuerte, bendecido. Esa es la verdad. Hoy tienes que creer que este año es un año de grandeza para tu vida. Y si tomas la Palabra de Dios y la decretas, estarás tomando terreno que el enemigo todavía tiene en sus manos. Tú eres un hijo bendecido del Padre, un heredero y caminarás en bendición ¡Aleluya! Pero tienes que creerlo ahora que no lo ves, para luego poder verlo. Algunas personas dicen que creen pero sus confesiones y acciones no revelan lo mismo, lo que en realidad revelan es que están esperando verlo primero para después creer. No caigas en esto y recuerda que “bienaventurados son los que creen sin ver”. Tú eres bienaventurado desde el momento que creíste en Cristo Jesús a pesar de nunca haberlo visto. Lo aceptaste como tu Señor y Salvador y no lo conocías todavía. Ahora lo conoces por la Palabra. Y de la misma manera por creerle a la Palabra tienes que vivir un año mejor que los que ya pasaron. El 2008 es un año de nuevos comienzos, de cosas nuevas. Créalo y comienza a decretarlo. El oído de Dios está atento a tu voz siempre. Recuérdalo. “Padre celestial, hoy creo a tu Palabra y sé que me esperan cosas extraordinarias para este nuevo año. Lo creo y sé que lo viviré. Soy un bienaventurado. En el Nombre Poderoso de Jesús, Amén”.

Profetiza sobre tu vida



Números 14:28:
“Diles: Vivo Yo, declara el Señor, que tal como han hablado a mis oídos, así haré Yo con ustedes”.
Es claro por la Palabra que Dios tiene Su oído atento a todos los hombres. Él nos oye todo el tiempo porque es omnipresente, omnisciente, omnipotente. O sea, que Él puede estar escuchándolo a usted y a mí al mismo tiempo. Hoy quiero que veas cuál es la diferencia de lo que confiesas. Lee nuevamente el versículo antes citado. Dice que Dios va a hacer según lo que nosotros hablemos o confesemos. Entonces te preguntarás ¿Si hablo temor puedo terminar mal? Sí, si no cambias tu confesión a tiempo. ¿Recuerdas a Job? Job 3:25 dice: “Lo que más temía, me sobrevino; lo que más me asustaba, me sucedió”. Job fue profeta de su propia vida. Confesó de lo que temía y eso le sucedió. Lo que hablas a Dios es lo que vas a experimentar. ¿Recuerda los dos espías de Números 14? Ellos creyeron a Dios y llegaron a la tierra prometida (versículo 30). Llegaron porque creyeron y hablaron lo que Dios les había dicho. El apóstol Pablo también practicaba esto y lo declara en 2 Corintios 4:13 “… conforme a lo que está escrito: Creí, por lo cual hablé…”. Cuando crees y confiesas, recibes el poder y potestad de ser llamado hijo de Dios y pasas a ser heredero y coheredero junto con Cristo. Entonces lo de Él también es tuyo. Créelo y confiésalo hoy. Ahora te pregunto ¿Tienes ganas de morirte? Me imagino que no. Entonces comienza a hablar, a confesar bien de tu vida. Isaías 3:10 habla de ti. Dice: “Decid al justo que le irá bien, y gozará del fruto de sus acciones”. ¿Lo crees? Comienza a confesarlo hoy mismo. La mayoría de la gente quiere ver para creer, pero bienaventurados los que no vieron y creyeron. Tú eres un bienaventurado porque creíste sin ver y si sigues creyendo a la Palabra de Dios vas a ver cosas gloriosas manifestarse en tu vida. Recuerda que todo lo que hables llega al oído de Dios. Comienza hoy a profetizar lo que quieres ver. Dícelo a Dios y Él lo hará. “Padre celestial, creo hoy que Tú me escuchas y me determino a hablar siempre lo que quiero vivir, que es todo aquello que dice tu Palabra. Todo aquello que Tú me dejaste como herencia. La tomaré. En el Nombre Poderoso de Jesús, Amén”.

domingo, febrero 03, 2008

La llave de la doble bendición



Lucas 17:15-19:
“Entonces uno de ellos, al ver que había sido sanado, se volvió glorificando a Dios en alta voz. Cayó sobre su rostro a los pies de Jesús, y Le dio gracias; y éste era Samaritano. Jesús le preguntó: ¿No fueron diez los que quedaron limpios? Y los otros nueve, ¿dónde están? ¿No hubo ninguno que regresara a dar gloria a Dios, excepto este extranjero? Entonces le dijo: Levántate y vete; tu fe te ha sanado".
Estos diez leprosos acudieron al encuentro de Jesús clamando por misericordia, clamando por su sanidad. Todos le reconocieron como maestro y obedecieron a la palabra que les dio de ir a mostrarse a los sacerdotes. Pero al recibir el milagro sólo uno de los diez volvió a agradecer, sólo uno reconoció la fuente de su sanidad y la estimó. Nueve corrieron con su milagro olvidando al autor del mismo, sólo uno lo honró al volver a agradecerle. Cuántas personas pasan por la Iglesia en su peor momento, en su momento de necesidad y cuando tienen lo que esperaban se van no dándose cuenta que se separaron de la fuente y que separados de Él nada perdura. Se van sin darse cuenta que lo mejor que les podría haber pasado en la vida es haberlo conocido a Él. Sabes, la Palabra de Dios dice en Hebreos 11:6 que Él recompensa a los que le buscan. Él tiene doble recompensa para ti. La llave: ser agradecido. Nueve de los leprosos se fueron con su sanidad. Uno recibió doble bendición: sanidad por misericordia y salvación por agradecimiento. Cuando agradeces estás declarando quién fue el autor de tan grande bendición, cuando agradeces honra al autor de la vida. Piensa cuántas veces pediste por tu sanidad. Cuántas veces pediste por restauración familiar, por prosperidad. Y ahora analiza ¿Has sido agradecido con tu Padre por lo que ya tienes o has saturado tus oídos reclamando y reclamando lo que quieres? Disfruta lo que Dios ya te ha dado y agradécele por anticipado las cosas porque todo te lo ha dado en Jesús. Eso es fe y eso agrada a Dios ¡Aleluya! “Padre celestial, Gracias por mi familia, gracias por todo lo que has hecho en mi vida y por lo que harás. Gracias porque en Jesús me diste salvación, libertad, sanidad, prosperidad y un propósito para vivir. Te amo. En el Nombre Poderoso de Jesús, Amén”.

Perpetuando la bendición



Deuteronomio 6:5-7:
“Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón y
con toda tu alma y con todas tus fuerzas.
Grábate en el corazón estas palabras que hoy te mando. Incúlcaselas continuamente a tus hijos.
Háblales de ellas cuando estés en tu casa y cuando vayas por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes”.
Todos queremos tener un hogar bendecido. Todos queremos lo mejor para nuestros hijos. Todos queremos que a ellos les vaya mejor que a nosotros. Pero esto no es algo que sucede por casualidad. Esto sucede cuando seguimos el consejo de Dios y trabajamos cada día en ello. Dios debe ser el primero en nuestro hogar y nuestro amor hacia Él debe manifestarse en las actitudes que tenemos con nuestra familia. No podemos decir que amamos a Dios y despreciar y maltratar a nuestros seres queridos. Lo que recibimos de Dios lo debemos dar primeramente en nuestro hogar. Por eso la Palabra de Dios nos dice que debemos amar a Dios con todo nuestro corazón, con todo nuestro ser y eso transmitirlo. Transmite la bendición en todo momento. Toma tiempo con tu familia para hablar de la Palabra de Dios. Cuando tengas que tomar una decisión o darle un consejo a tus hijos, hazlo basado en lo que dice la Palabra de Dios. Tú perpetuarás las bendiciones por generaciones si así lo haces. Proverbios 22:6 dice que debes instruir a los niños en el camino de Dios para que cuando sean grandes no se aparten de él. Estos niños a su vez instruirán a sus propios hijos y así continuará la bendición. ¿Y cómo instruirlos? Con Palabras y con ejemplo. Vive lo que predicas. Ten apertura para que tus hijos se acerquen a ti, escúchalos y enséñales lo correcto. Si descuidas esta área por todo el trabajo que tienes y los afanes de la vida, el diablo se encargará de que haya alguien que los instruya pero en la dirección equivocada. Valora lo que Dios te ha dado y establece las prioridades correctas. ¡Tu casa será un canal para que fluya el río de las bendiciones de Dios por generaciones! “Padre celestial, en Tu inmenso amor me enseñas cómo vivir en tus bendiciones y cómo impartirlas a mi familia. Con Tu ayuda seremos luz y llevaremos esa luz a otras familias que están en necesidad. Gracias, En el Nombre Poderoso de Jesús, Amén”.

sábado, febrero 02, 2008

Sabiduría de lo Alto



Santiago 1:5:
“Si a alguno de ustedes le falta sabiduría,
pídasela a Dios, y Él se la dará, pues Dios
da a todos generosamente sin menospreciar a nadie”.
Si tu vida ha llegado a una meseta y no sabes qué hacer. Si ves que no avanzas y todo es siempre lo mismo; no te conformes, no te rindas a vivir así. Hay algo más para alcanzar y debe determinarte a hacerlo. Hay mayores bendiciones para ti. Por eso, pídele al Espíritu Santo que te ilumine y te ayude. Es hora de que cierres un ciclo y entres en uno superior. Es importante que empieces buscando más profundamente la sabiduría de Dios para que tu mente, tus emociones, tu vida espiritual se pongan en orden y las cosas comiencen a funcionar. ¡Él te la dará en abundancia y sin reproche! Aprovéchala, no pierdas tiempo buscando soluciones en otros lugares. Escucha lo que Dios tiene para decirte. Retírate a tu lugar secreto, el lugar donde oras, y presenta tus problemas al Padre, no porque Él no sepa lo que te está pasando, sino porque eso demuestra que tu fe está puesta en Él como fuente de solución. Abre tu oído para escuchar lo que el Espíritu Santo tiene para decirte. Toma tiempo para leer la Palabra de Dios y sembrarla en tu corazón. No permitas que las preocupaciones la ahoguen. De esta manera, comenzarás a experimentar cómo el poder de Dios fluye a través de tu vida trayendo paz y orden en cada área, y mostrándote la solución a tu conflicto. Siempre permanece en una actitud de aprendizaje y humildad para que cuando el Espíritu Santo te muestre los cambios que tienes que hacer, hagas los ajustes necesarios. Toma la decisión de obedecer a lo que Dios te enseñe, sino esa sabiduría no redundará en ningún bien. Dios te ama y quiere ayudarte. Inclina hoy tu oído a la sabiduría que viene de tu Padre celestial. “Padre celestial, revélame hoy en tu inmensa sabiduría cómo salir de este nivel en que me encuentro hoy para entrar a ese mayor que Tú tienes preparado para mí. Necesito hacer cambios en mi vida y sé que tu Espíritu Santo me ayudarás. Gracias, En el Nombre Poderoso de Jesús, Amén”.

Fe multiplicada



Romanos 12:3:
“Porque en virtud de la gracia que me ha sido dada,
digo a cada uno de ustedes que no piense de sí mismo
más de lo que debe pensar, sino que piense con buen juicio,
según la medida de fe que Dios ha repartido (distribuido) a cada uno”.
Cada creyente ha recibido una medida de fe y es responsabilidad de cada uno hacerla crecer. La fe agrada a Dios, la fe mueve la mano de Dios, la fe trae provisión y hace que milagros sucedan. ¿Y qué es la fe? Una definición sencilla sería: Es la habilidad de creer en Dios y en Sus promesas. Pero la mejor definición es la que da la Biblia en Hebreos 11:1: “Ahora bien, la fe es la certeza (sustancia) de lo que se espera, la convicción (demostración) de lo que no se ve”. La Fe es un poder espiritual extraordinario que nos permite vivir y obtener lo que ya Él nos ha otorgado por medio de Jesús. Ese poder está en nosotros y debemos alimentarlo mediante el conocimiento de la Palabra y activarlo con la acción. Tú debes cuidar lo que oyes porque lo que oigas se te añadirá. Si escuchas reportes de temor todo el día, terminarás creyendo que el mal puede tocarte y actuando temerosamente. Ahora, si por el contrario, buscas lo que dice Dios acerca del temor (Isaías 54:14-15,17; Salmo 112:7) y dejas que esta palabra repercuta más fuerte en tu interior de lo que dice el entorno, entonces caminarás libre porque sabes que tu Padre celestial te está cuidando. No permitas el fracaso en tu vida. Busca en la Palabra la herencia de bendición que tienes: la herencia de salud, de prosperidad de armonía familiar y afirma tu corazón en estas verdades. Luego has crecer tu fe por medio de la acción. Recuerda lo que dijo Jesús:… “Si tuvierais fe como un grano de mostaza, podríais decir a este sicómoro: Desarráigate, y plántate en el mar; y os obedecería” (Lucas 17:6). Él comparó la fe con una semilla y la semilla para que se multiplique hay que sembrarla. Siembra palabras de fe sobre tu vida, tu familia, y camina confiado en esas promesas. Dios no cambia. Verás como cada día tu fe crece y levanta tu vida a un nivel de éxito y de victoria. El justo por la fe vivirá. “Padre celestial, me has dado ese poder espiritual tan grande que es la fe, la haré crecer creyendo a tu Palabra y actuando en ella. Sé que esto te agrada y que me ayudarás en cada paso. Gracias, en el Nombre Poderoso de Jesús, Amén”.

Cree que lo recibirás


Marcos 11:24:
“Por eso les digo que todas las cosas por las que oren y pidan,
crean que ya las han recibido, y les serán concedidas”.
Creer: Esa es la clave para todo en el Reino de Dios. Es la manera en que nos conectamos al poder del Dios Todopoderoso. La mayoría de nosotros sabemos eso, pero ¿Sabemos cómo ponerlo en práctica? En realidad es más fácil de lo que nos imaginamos. Es tan fácil como decir: "creo que lo recibiré". Algo sucede en tu espíritu cuando dices esas palabras. No entiendo cómo, pero es así. No entiendo cómo mi sistema digestivo sabe qué hacer cuando trago algo, pero lo hace. Todo lo que tengo que hacer es ingerir un poco de comida y empieza a trabajar. No tengo que forzarlo ni tengo que sentirlo, simplemente sucede. Esa es la manera en que está hecho el cuerpo. Tu FE se libera casi de la misma manera cuando te alimentas de las preciosas promesas de Dios y las "tragas" en tu espíritu y dices: "creo que lo recibiré". No tienes que forzarla ni tienes que sentirla, simplemente sucede. El espíritu nacido de nuevo está hecho de esa manera. Cuando decretas con tu boca: “creo que recibiré mi sanidad, o creo que mis necesidades económicas serán suplidas", y luego decretas los pasajes bíblicos que respaldan esas confesiones, la Fe se libera para traer el poder que satisface esas necesidades. Simplemente tienes que mantener el interruptor de la fe encendido. Y una manera de mantener encendido el interruptor de la fe es cuando decretas en voz alta las palabras "creo que lo recibiré". Lo decimos cuando oramos, lo decimos cuando alabamos a Dios, lo decimos cuando leemos la Palabra de Dios. Lo decimos especialmente cuando parece que no vamos a recibir nada. Cuando todo parece que va de mal en peor, lo decretamos aún en voz más alta: "creo que lo recibiré". ¿Quieres activar hoy tu fe? Entonces has de estas cuatro palabras las más importantes de tu vocabulario: "creo que lo recibiré". Decrétalas todos los días. Pronto descubrirás que dan resultado.“Padre celestial, gracias por el principio de fe que he aprendido hoy, a partir de este día activaré mi fe creyendo que todo lo recibiré. En el Nombre Poderoso de Jesús, Amén”.Bendiciones para todos.